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Plaza Princesa Likanrayen

Plaza Princesa Likanrayen



Plaza Princesa Likanrayen

La escultura ubicada en esta plaza representa a la valiente y hermosa Princesa Likanrayen, conmemorando parte de nuestra historia ancestral, ya que antes de la llegada de los colonos alemanes, la costa del lago Llanquihue fue habitada por el pueblo Williche, nativos del sur de Chile, quienes nos dejaron como legado esta hermosa historia. Legenda de la Princesa Likanrayen Dice la leyenda que existió una hermosa joven Williche llamada Likanrayen, querida por su pueblo por su generosidad y alegría. Era tal su belleza que, al caminar por el bosque, florecían los árboles y los pájaros la acompañaban cantando sin cesar. Pero el corazón de Likanrayen pertenecía al guerrero Kütralpiuke. Era el hombre más valiente y fuerte de su pueblo, sus enemigos temblaban al oír su nombre. Vivian una tranquila vida, hasta que el Pillan (el poderoso espíritu que habitaba al interior del Volcán Osorno) supo sobre el infinito amor de Likanrayen y Kütralpiuke, y fue tan grande su furia y envidia que salió del volcán y comenzó a escupir fuego, quemando las rucas (casas) de los williches, incendiando los bosques y devastando toda la vida a su alrededor. Ante esta terrible situación los ancianos y sabios deciden reunirse para encontrar una solución. Por horas y horas debatieron, hasta que un sabio dijo: “La única manera de calmar la furia del Pillan es arrojando al cráter del volcán una rama de Canelo (que es el árbol sagrado del pueblo Williche)”. Pero todos sabían que era imposible para un hombre llegar hasta el cráter, por lo que el sabio continúo diciendo: “Solo un Cóndor (el ave más grande que surca los cielos del sur) podrá llevar la rama de Canelo sagrado hasta el interior del volcán, pero pedirá a cambio el corazón de la joven más bella del pueblo Williche”. Inmediatamente todos supieron que esa joven sería Likanrayen y la tristeza se apoderó de cada uno de los ancianos y sabios, pero Likanrayen acepto su destino con la tranquilidad que su sacrificio terminaría con la destrucción provocada por el Pillan y así protegería a su pueblo. Pidió solo una condición: que su amado Kütralpiuke le arrancara su corazón. Ambos se abrazaron y se despidieron con un beso, pero el valiente guerrero no pudo vivir sin su amada por lo que tomó su lanza y se la clavó en el pecho. La muerte los unió a ambos para siempre. Así fue como los williches vieron bajar desde el cielo al majestuoso Cóndor, llevándose el corazón de Likanrayen y tomando la rama de Canelo, emprendió vuelo hacia el volcán. Al llegar a la cima, dejó caer la rama sagrada sobre el Pillan, y en ese mismo instante, las nubes cubrieron el cielo comenzó nevar, por días, semanas y meses. Mientras caía la nieve, el Pillan la derretía con fuego generando ríos de agua que bajaban por las laderas del volcán y poco a poco esa agua se transformó en los lagos Llanquihue y Todos los Santos. Finalmente, después de luchar y luchar contra la nieve el Pillan se rindió y decide volver a las profundidades del volcán donde permanece prisionero debajo de la capa de hielo que vemos hasta día hoy sobre la cima del Volcán Osorno.